Sigue la historia de Blackbird.
Una vez en el hospital, me senté y esperé. Sus padres llegaron media hora después. Corrieron a hablar con el médico. No supe de qué hablaban, pero ninguno de los dos lloraba; eso significaba que estaba bien.
El médico les indicó que esperasen. Ellos se negaron en un principio, quería ver a su hijo. En ese momento el médico insistió en su decisión, me señaló a mí y les dijo unas palabras.
Enseguida se acercaron a mi. Me miraron sorprendidos, con los ojos llenos de lágrimas.
-¿Tú le has salvado?
No respondí. Asentí con la cabeza.
Ambos me abrazaron. La madre no podía evitar llorar y darme las gracias mil veces.
A la mañana siguiente pudimos verle. Toda los compañeros estaban allí. Él, tumbado en la cama, vestido con un pijama blanco, con un cable pinchado en el brazo, los ojos cansados y el cuerpo agotado, seguía sonriendo.
Yo estaba atrás, lejos de ellos. No me atrevía a acercarme.
¡Todo lo que había soñado, todo lo que quería, casi moría horas atrás! Todo lo que viví anoche, todo lo que sentí... estuve más cerca en ese momento de la felicidad que tanto deseaba que nunca. Pero todo fue muy rápido, no pude disfrutar del momento.
Solo podía salvarle la vida a la persona que quería para no hundirme sabiendo que había muerto y que no había hecho nada para evitarlo, para poder seguir feliz sabiendo que él seguía vivo.
De algún modo reuní fuerzas y me acerqué a la habitación. Me abrí paso entre la gente y me acerqué a la cama.
Todo el mundo estaba en silencio.
Él me miraba, sorprendido, extrañado.
-Gracias.
Y volvió a sonreír, pero esta vez no era por alegría, sino por gratitud.
-De nada- respondí yo, débilmente.
Una mano se apoyó en mi hombro. No supe de quién era. Pude oír solozos y murmullos. Era hora de irme.
Salí de allí. No miré atrás.
Una semana después, él volvió a clase.
Durante toda la mañana le evité. Él tampoco se acercó a mí. Nadie me dijo ningún comentario.
En el recreo, un chico pasó a mi lado.
-Tienes cojones, ¿eh?- exclamó, sin darme tiempo a responder.
No pensé en nada. Sabía que pronto comenzarían a preguntarme cosas. Era normal.
Entonces, al girar una esquina, allí estaba él.
Apoyado contra la pared, mirándome. Sus ojos, esos preciosos ojos se clavabn en los míos.
-¿Puedo hablar contigo un momento?
-Sí, claro.
Fuimos a un rincón escondido del resto. Por un momento no me dijo nada. Finalmente volvió a mirarme.
-Mira, no sé por qué lo hiciste, no sé qué motivo tendrías... pero me has salvado la vida.
Sus ojos reflejaban emoción. Tragué saliva.
-No estaría aquí de no ser por ti.
-No podía dejarte morir- contesté yo.
Durante un momento hubo silencio.
-Gracias. Muchísimas gracias- dijo él, mirándome lleno e gratitud y cariño.
Mis ojos estaban llenos de lágrimas. Apoyé mi mano sobre su hombro, que acariciaba con el pulgar. Lo llevé a su mejilla y la acaricié suavemente.
Él ya lo sabía. Se había dado cuenta. Lo había descubierto.
Pero no parecía importanle.
El roce de mi mano no le incomodaba. Incluso sonrió.
Esa bellísima sonrisa.
Y en ese momento di gracias porque había tenido el mejor regalo que había podido tener nunca.
Podría acabar la historia diciendo que le besé, que mis labios se encontraron con los suyos tocándolos y rozándolos muy suavemente. Que acaricié su pelo mientras le besaba, mientras mi mano se deslizaba muy despacio entre los cabellos. Que él no se asustó. Que separé mis labios de los suyos tras un largo momento. Que terminé dándole otro beso de pico. Que me fui de allí solo, con mis pensamientos. Y que era feliz.
Podéis ponerle ese final si os gusta, como a mí.
Lástima que todo esto sea solo un sueño.
No tengas miedo. Escribe. Sueña. Vive.

Gracias por tu aportación, Blackbird. Me ha gustado mucho.
soñar y vivir.... un abrazo
me gusta que el final sea incierto, es bonito, que luego de leer una historia tan apasionante termine con el final que deseamos, jiji... de verdad que estuvo buenísimo! dejarlo a la imaginación de cada quien. Como siempre, fue muy grato leerte, te votastes. Saludos, Un besote.. y gracias por animarme a escribir una historia, lo hice, me encantaría que la leyeras y me dieras tu opinión. Chauu