Historia de Luciérnaga.

- ... ¿A dónde vamos?

- En mi casa no hay nadie...

En pocos minutos ya estamos en el vestíbulo besándonos dulcemente.

Nos deslizamos hasta mi habitación y nos sentamos en la cama colmándonos de caricias. Caricias lentas, suaves, sientiendo cada pequeño roce de nuestra piel. Caricas por los brazos, el cuello, la cara, los labios...

Nos acercamos, nos separamos, nos insinuamos...

Poco a poco y con la misma suavidad la ropa va cayendo.

Nos sumimos en la oscuridad, tan solo perturbada por los débiles rayos de luz que entran por las rendijas de la persiana.

Todo empezó entonces dulcemente, cariñosamente, como las veces anteriores.

Un susurro, "muérdeme", en cuanto tuve su oido a mi alcance, lo desencadenó todo.

Nuestros corazones se aceleraron, jadeó y atacó con furia mi cuello y mis manos, sin piedad, mientras yo le devolvía los mordiscos en las manos y en los labios...

No quiero que esto pare nunca...

No tengas miedo. Escribe. Sueña. Vive.